Agamia agami (garza Agami, garza pechicastaña, Agami heron)

Elegante como pocas, la garza Agami no es precisamente una de las especies más representativas de Costa Rica, de hecho es bastante difícil de ver, pero gracias a ese misterio y a su encanto natural, es una de las especies más atractivas y buscadas.

Si es raro verlas anidando, en vuelo es casi un milagro. Son indicadores de la presencia de agua rodeada de vegetación, como pequeñas lagunas o arroyos, ya que son sus sitios preferidos para descansar a la sombra. Allí se alimentan de peces, ranas o pequeños reptiles. En esos sitios alejados y tranquilos es donde forman las colonias de anidación. Pueden llegar a reunirse hasta 70 parejas en una misma zona. Son muy nerviosas y cuando algún animal (o persona) se acerca, empiezan a hacer un ruido con el pico, como un traqueteo o “ronroneo”. 

Exceptuando las colonias de anidación, normalmente son solitarias. En la época de cortejo realizan toda clase de bailes, movimientos, “duelos de picos” y despliegues de plumas para no quedarse sin pareja esa temporada. El nido es bastante endeble, es una base hecha de palitos en alguna rama sobre el agua. Ponen 2 ó 3 huevos azulados entre Marzo y Septiembre.

Un rasgo característico de la especie es que tienen un cuello y un pico muy largos y unas patas muy cortas en relación al tamaño del cuerpo. Presentan una cresta de plumas azuladas en la espalda que en época reproductora es mucho más visible; además, la piel de la cara en los machos se vuelve roja y en las hembras verde; el resto del tiempo no existe dimorfismo sexual (o diferencias entre macho y hembra).

Los juveniles presentan una coloración diferente a los adultos, con tonos más marrones y sin cresta desarrollada.

Es nativa de América central y del sur y aunque en otra época era una especie común, ahora mismo en muchos países se considera una especie rara, en gran parte debido a su timidez natural, pero también por la gran pérdida del hábitat que están sufriendo debido a la deforestación.

En Costa Rica actualmente se conocen muy pocas colonias de anidación, por suerte, la Reserva Pacuare es una de ellas y es todo un privilegio haber podido disfrutar y conocer a esta tímida pero elegante garza. Creo que las fotos hablan por sí solas y si no, juzgad vosotros mismos.